lunes, 22 de febrero de 2010

10. No me hagas esto... (Part I)


David, después de ir al garito de siempre, volvió a su propia casa. El peligro de la vuelta de Axel ya no le preocupaba, sólo quería volver a su hogar y a su vida normal, y pensar que nada de lo ocurrido era cierto. La imagen de Elena recorría su mente, y la recreación propia de los hechos le envolvía. Pero sólo era una imagen poco nítida de una historia que, para su gusto, no era cierta.

Llegó a su vieja casa diez minutos después de salir del local. Sin siquiera cerrar la puerta la observó de nuevo después de tanto tiempo: Toda ella estaba recogida, e incluso aún había algo de comida en la nevera y de bebida en el minibar. Pero a David no le importaba eso. Se dirigió a su armario y de él sacó su ordenador portátil personal. El correo era imposible de leer, ya que la abarrotada bandeja de entrada estaba llena de correo publicitario. Al depurarlo descubrió los pocos mails de los compañeros de trabajo preguntando por él y por su paradero. El último fue mandado hacía unas horas, y era de su jefe, con el cual tenía una buena relación.

David, no sé lo que te ocurre. Puede que me odies por lo del despido, pero no fue por tus faltas sin justificar. Quizá necesites mucho tiempo para volver, por eso te despedí. Así no tienes la preocupación de la oficina durante ese tiempo. Quiero que sepas que las puertas de esta empresa están abiertas para tí.

Recupérate pronto.

Las lágrimas poblaron los ojos de David. Estaba tan concentrado en la lectura de los mensajes que no se percató de lo que salía de la habitación. Una figura emergió de la oscuridad del dormitorio principal y se dirigió hacia David lentamente...

- Sabía que te encontraría aquí.

Con un sobresalto, David se alejó todo lo que pudo de la figura casi espectral que le atacó por detrás. El ordenador se hizo añicos contra el suelo y los nervios del joven le hicieron hiperventilar.
Y allí estaba, hablando con tranquilidad y parsimonia, aunque sus ojos delataban bastantes horas de lloros sin consuelo. Elena miraba a David con un rostro casi muerto. No había expresión alguna en él.

- ¿No tenías un trabajo pendiente, Elena? -dijo David, levantándose del suelo y recuperando el aliento- ve y termina tu empresa.
- ¿Eres idiota? -repuso Elena, acercándose a lo que quedaba del ordenador para recogerlo- ¿No te he dicho que no trabajo más para él?
- Yo ya no me creo nada.
- ¿Qué coño ocurre, David? -dijo Elena, levantándose del suelo con los pedazos de la pantalla en la mano.
- Simplemente ya no sé qué creer. ¿No era esto una venganza de Gina...?
- Joder, reacciona. Axel me quiere matar, y yo te necesito...
- ¿Para qué? ¿Para sacar varios cientos de miles?
- ¡Para pasar toda mi puta vida con alguien que me quiera! -llorando descontroladamente, Elena gritaba a David, que se fue a la cocina sin siquiera mirarla.
- Lo siento, Elena. Como ya dijiste, esperaríamos a saber cómo termina esto. Pues bien, esto termina aquí. Sólo has sido un problema para mí. Desde que llegaste a mi vida todo ha sido un declive. Me despidieron, dejé de ver a mis compañeros de trabajo y amigos en general, he perdido montones de pasta y ahora tengo un tío loco deseando matarme. ¿He sacado algo bueno? Horas de sexo desenfrenado y de secretos ahora revelados.
- David... -casi sin respiración, Elena se desmayó.

Al verla caer, David se lanzó a por ella saltando sobre el sillón para soccorrerla. Levantó a Elena en volandas y la llevó a la cama. Tras largos minutos de angustia, la joven despertó. Miró a David, sentado a su lado, y tomó su mano, la cual puso en su pecho.

- Eres mi vida, David. No me hagas esto...
- Yo... Espera, ¿qué es esto? -David se fijó en algo que brillaba en el el cuello de Elena. La luz de la luna brillaba en el corazón de oro con diamantes que iba a regalar a Gina, que tenía grabada una "D" en vez de la fecha que antes mostraba. David quedó perplejo ante este hallazgo.
- Me lo llevé para venderlo cuando aún estaba con el plan para, además de sacar algo de dinero, hacerte olvidar a esa sucia perra. Pero preferí poner tu inicial para, aunque fuese algo muy simbólico, tener algo tuyo en mi corazón. Pero bueno, es tuyo. Puedes quedártelo, si lo deseas.

Hubo un largo silencio. Elena seguía tumbada, sollozando, y David estaba sentado al pie de la cama mirando al suelo. Se levantó y, como cada noche, se asomó por la ventana. Hacía mucho que no veía esa perspectiva de la ciudad.

- Me marcho, David -dijo Elena, algo más serena y tranquila- porque comprendo tu punto de vista. Si no quieres volver a verme más, tranquilo. Trataré de no acercarme por este lugar -el final de la frase fue casi el inicio de un nuevo sollozo silencioso.

Elena recogió las pocas cosas que le quedaban en la casa. David seguía mirando por la ventana, y ni miró cuando la joven se dirigió a la puerta para marcharse.

- Espera -dijo David, agarrando del brazo a Elena mientras ella sostenía el pomo de la puerta para salir.
- ¿Me he olvidado algo? -preguntó Elena, secándose las lágrimas con la manga de la chaqueta.
- Ven, por favor -dijo David, tirando del brazo de Elena hacia sí.
- ¿Dónde?

David tiró del brazo de Elena y la abrazó. Este gesto fue correspondido inmediatamente. Durante mucho tiempo, la pareja se fundió en un tierno abrazo que parecía interminable. El llanto de Elena ahora era de alegría.

- Lo siento muchísimo -soltó David, rompiendo la magia del momento- Me he comportado como un idiota. Eres lo más importante de mi vida y casi te dejo marchar. No me lo perdonaré jamás...
- Si hay que pedir perdón, yo lo pido por todo a lo que mi pasado concierne. No me ví capaz de hacerte algo tan horrible...
- Olvidemos al pasado -dijo con una sonrisa David- tenemos un presente que vivir y un futuro por escribir. Y pienso hacerlo a tu lado.

- Te amo, David.
- Te amo, Elena.

- Oh, estoy conmovido -dijo, haciéndo un aplauso sarcástico, una voz desde la puerta de entrada abierta de par en par- Creo que voy a llorar...