
- Mierda... Venimos una sola vez aquí y tenemos que coincidir... -David ya estaba cubriendo de cualquier peligro a Elena, la cual miraba a la puerta desde la espalda de su pareja.
- Y ya iba a dejar de venir pensando que os habíais mudado... -Axel jugueteaba con una navaja entre sus manos- Qué sorpresa encontraros aquí, y en una escena tan tierna... Ciertamente estoy conmovido.
A su paso, Axel cerró la puerta y puso el mueble de la entrada de tal forma que la salida estuviese bloqueada. El nuevo e indeseable visitante entró con un paso que parecía casi un baile, y tarareaba una canción muy alegre.
- ¿Qué coño quieres? -dijo Elena, de forma muy agresiva- lárgate antes de que te ocurra algo malo.
- Querida Elena, deberías mantener la boca cerrada. Estas en clara desventaja...
- Es un dos contra uno, hijo de puta -reprochó Elena entre risas.
- Dos personas desarmadas contra una armada.
- Un cuchillo no te será suficiente para hacernos algo, cabronazo -espetó David, sonriendo.
- ¿Esta? No, realmente el cuchillo era para hacer ganzúa en la puerta. No es mi arma.
De su americana roja sacó una pistola de gran calibre y de color dorado brillante. En el cerrojo estaban grabados unos tribales negros y en el grip del mango unas letras también doradas mostraban su nombre. David y Elena fueron retrasando su posición hasta el salón mientras Axel continuaba con su animada danza y acariciando su pistola.
- Desert Eagle del calibre 50, bañada en oro de 24 kilates, completamente personalizada... Rozando los 7000€. Me da pena usar esta joya para matar, pero es que sólo tenerla te incita a usarla... ¿A que es preciosa?
- ¿No tienes suficiente valor para...?
- ¡Espera! -Axel gritó a David cortando su acusación. Tras eso, sacó de su otro bolsillo un tubo dorado y largo el cual atornilló a la boquilla de su pistola. - Se me había olvidado poner el silenciador. No quiero despertar a los vecinos con el rugido de esta bestia. Ellos no tienen la culpa de nada.
- ¡Nosotros tampoco! Ella se suicidó, gilipollas -Elena gritaba a Axel con todas sus fuerzas, y éste dirigió el cañón de su arma a la cabeza de la joven.
- No se suicidó. Yo sé que no fue así. Tu novio la mató.
- Ella vino borracha a mi casa, yo no tengo la culpa de que fuese una puta yonki -David se puso en la trayectoria del cañón del arma de Axel.
¡Tú! -espetó Axel, furioso, colocando el final de su cañón en la frente de David- Nunca apreciaste lo que Gina te ofrecía. Nunca le preguntaste sus verdaderas necesidades.
- ¿Y tu si, Axel? -David miró fijamente a su rival, el cual apretó con más fuerza el arma en su cabeza
- Yo la amaba, imbécil. Todo eso viene incluido en lo que siento.
- Y dime una cosa, Axel. ¿Ella te quería a tí?
- Pues... -dudó un momento antes de responder, pero volvió a presionar el cañón de la pistola contra David- Claro que sí. Por eso se vino conmigo.
- Y te pidió una venganza contra mí...
- Porque te la mereces, hijo de perra.
- ¿Acaso ella te hablaba de otra cosa? -preguntó David sonriendo.
- ¿A qué te refieres? -Axel bajó su arma. Seguía apuntando a David, pero no tenía el tono amenazante de antes.
- Seguro que cada día te preguntaba alguna forma de joderme o contaba alguna anécdota, ya sea buena o mala, sobre su relación conmigo.
- ¿Y eso qué tiene que ver, bastardo?
- Vamos, alguien con tanta clase como tú engañado por una donnadie como Gina...
- Cállate, tú no tienes ni idea -unas lágrimas brotaban de los ojos de Axel, el cual amenazaba de nuevo con su arma a David.
- Venga, dime que es mentira. Se aprovechó de tí, Axel, y sigue haciéndolo incluso desde la tumba.
- ¡No te permito que hables así de mi mujer!
- Eso si que es tierno... -ahora David rodeaba a Axel, mirándole intimidatoriamente, mientras éste seguía apuntándole tembloroso- Os ibais a casar. ¿Pero sabes lo más gracioso? Que de los matrimonios vienen los divorcios, y de los divorcios las divisiones de bienes. Se quedaría con todo, y verías como tus planes eran castillos en el aire.
- Ella jamás me haría eso... Me quería...
- Y a mí también, Axel. Te engañó, tal y como me engañó a mí. Somos víctimas de un mismo mal...
- No creas que la mierda que expulsas por la boca me afecta, cabronazo.
- Tío, estás llorando...
- ¡SIENTATE EN EL SILLÓN Y CIERRA LA PUTA BOCA!
David, siguiendo las órdenes del indeseable visitante, se sentó en el sillón y miró al suelo. En él encontró un CD que se había caido del bolsillo de Axel, porque era su cara la que salía en la carátula. Cuando éste no estaba atento, David cogió el CD y lo puso en su reproductor. Con un sonido envolvente comenzó la primera canción, que era una balada sobre el dolor de la pérdida de alguien especial. Axel, el cual volvió a colocar la pistola en la sien de David en cuanto le vio de pie, rompió a llorar desconsoladamente. Como era de esperar, esa canción se la había dedicado a Gina.
- Axel, hazte a la idea de que ella no era lo que esperabas...
- Ella me quería, David. Ella me quería...
- No. Tú la querías, pero tu no eras más que su marioneta.
- Mi amor... -dijo Axel, con el dedo en el gatillo y el cañón del arma apuntando a la sien de David- esto lo hago por tí.
Y el disparo del arma sonó por encima de la música de fondo.

