domingo, 31 de enero de 2010

9. ¿Qué novia? (Part II)


Empezaré por el principio de todo. Elena es el principio de todo. Ella conoció a Axel hace muchísimo tiempo. Eran compinches, trabajaban con los clientes de la asesora de imagen de Axel y sus asociados. Sacaban muchísimo dinero. El lo ahorraba, porque vivía (y sigue viviendo) con sus padres, y ella se lo gastaba con su entonces novio, Víctor. Éste la dejó, y ella se quedó casi moribunda. Fue entonces cuando se dio cuenta de que Axel no trabajaba con ella, sino que la utilizaba, pero eso fue más adelante.

El muy gilipollas no solo utilizaba a Elena, sino que también había reclutado a más gente. Lo que comenzó siendo un negocio de Elena terminó siendo un monopolio de Axel: Contactos con grandes empresas y empresarios por sus clientes, dinero extra con las “operaciones” de Elena, acceso a fama y lujos por Soraya… Lo tenía todo, pero quería llegar a límites extremos. Unos límites que solo se alcanzan con las drogas. Es aquí donde yo aparezco. Mi historia es mucho más larga, pero no es lo que nos concierne ahora. Solo importa lo que yo le proporcionaba, y eran drogas y mi absoluto y completo amor. Pero el cabronazo prefería solo la parte del sexo, igual que con Soraya. Elena tenía novio, y tampoco le interesaba Axel, aunque eso no quita que él no lo intentase.

Es aquí cuando empieza la parte que puede… afectarte. Elena no contó este detalle, no porque no fuese relevante como dijo, sino porque tu historia comienza aquí. Axel encontró el verdadero amor en una chica que tenía novio. Mucho tiempo de romance secreto hasta que ella dejo a dicho novio por Axel. ¿Lo duro del asunto? Que dicha novia quería venganza contra su ex, y se lo pidió a Axel. Éste contactó con un amigo suyo, el cual le dijo el puesto que ocupaba en la empresa el entonces ex-novio de esa cerda.

- David, puede sonarte rarísimo y que no tenga sentido…
- No puede ser… Esto si que no puede ser… -David lloraba silenciosamente.
- Tanto a Elena, como a Soraya, como a mí, la zorra de Gina nos parecía odiosa.
- ¿Quieres decirme que toda mi vida ha sido un engaño?
- No, David. No tienes culpa de nada.
- ¿Y por qué demonios no me enteré de nada?
- Gina decía que eras demasiado sentimental, y que si alguien como Elena atacaba directamente en tu punto más débil… Era una venganza perfecta. Pero déjame terminar, por favor.

A Elena no le hacía ninguna gracia, pero la cifra que tus cuentas ofrecían era demasiado suculenta. Era poco el tiempo que separaba a Elena de su ruptura con Víctor, y estaba muy débil. Ese fue uno de los motivos para seguir de cerca el progreso. Es más, Axel trataba de darle su “amor” para que ella no se sintiese necesitada del que tú le pudieses dar, pero algo ocurrió. Un día, sin más, vino a mí corriendo y llorando. Ya había pasado muchísimo tiempo y pensamos que se había largado con el dinero. Pero me contó lo que Soraya y yo nos temíamos: Se había enamorado, del todo. Lloraba porque Axel acabaría con ella o contigo si se enteraba, y no sabia como ocultarlo. Aunque fue demasiado tarde, porque Axel estaba escuchándonos. Se dirigió a tu casa, y estuvo allí hasta que recibió la llamada del hospital confirmándole la muerte de Gina. Solo pretendía darte un escarmiento y sacar el dinero definitivamente, pero cuando supo donde había muerto su futura esposa deseó matarte.

- Y creo que ya conoces el resto de la historia –dijo Alicia, terminando su copa.
- Increíble… -dijo David, mirando su vaso.
- David, ella te quiere, y supongo que tú también la quieres a ella. ¿Qué más dará el pasado?
- Todo esto es tan…
- Elena me dijo que estás raro. Yo sé que se debía a todas tus preguntas internas. Pues bien, ya está todo solucionado.
- No estoy seguro de que Elena me quiera. Esto puede ser cosa de vuestro extraño juego.

Y tras decir esto, David se levantó y se marchó. Alicia quiso seguirle, pero se detuvo. Prefirió sentarse y pedir otro Manhattan. Solo una persona era capaz de hacerle ver la realidad.

martes, 26 de enero de 2010

8. ¿Qué novia? (Part I)


-...Y entonces se llevó toda mi mercancía y me dejó ahí tirada- Alicia recordaba la escena mientras veía las fotos en la cámara de David.
- No te preocupes, cariño. Ya estás a salvo -Elena abrazaba a Alicia para tranquilizarla después de su trágico episodio.

David volvió de la cocina con una bandeja llena de comida y una taza de café que puso en la mesa frente a Alicia. Esta rehusó al principio, pero luego comenzó a comer poco a poco.

- Elena no quería que me acercase a Axel -dijo David- y yo la prometí que no me acercaría. Por eso, desde la acera de enfrente, hice fotos a lo sucedido.
- ¿Cómo sabías que estaría ahí? -preguntó Alicia con curiosidad y la boca llena.
- No lo sabía. Elena me dijo dónde solías quedar con Axel y me dio una vaga descripción tuya. Esperé desde las seis de la tarde, y cuando perdí la esperanza de veros, a eso de las nueve y media, aparecistes. Aunque ese hijo de perra se hizo esperar un poco más...
- Axel no era así... Desde que murió su novia nos trata a todas como a perras... -Alicia dejó de comer y miró a Elena, la cual estaba sorprendida.
- ¿Ha muerto esa zorra? -preguntó Elena, mirando de reojo a David.
- Si, además hace muy poco...
- ¿Qué novia? -preguntó David, algo distraido- Eso no me lo habías contado, Elena.
- Tampoco pensé que ella tuviese mucha relevancia en todo esto. Fue la última en aparecr, pero Axel estaba muy ñoño con ella. Cuando estaba conmigo no hacía otra cosa que hablar de esa furcia. Es más, tenían ya planes de boda...
- ¿Pero no se conocían de poco tiempo?
- Menos de un año -dijo Alicia- y ya lo tenían todo organizado. Axel es poco expresivo y no se lo notamos al principio, pero luego se lo contó a Soraya y ella me llamó super animada dándome la noticia. Piensa que por la muerte de esa gilipollas ella es la candidata principal para conquistar el corazón de Axel. Lo gracioso es que ese monstruo no tiene de eso.
- Deberíamos cambiar de tema -dijo rápidamente ELena, dirigiéndose a David- ¿podrías preparar una habitación para Alicia?
- Claro, allá voy.

David comenzó a subir las escaleras, pero una cierta sospecha le hizo mantenerse a la escucha de la conversación.

- ...¿realmente piensas que merece la pena contárselo? Podrías incluso matarle... -Alicia parecía preocupada.
- Es por eso por lo que mantengo el secreto. Yo le amo, y no quiero que me odie por eso. No me gustaría de ninguna forma perderle, y menos ahora. Necesito su apoyo, y de alguna forma necesita mi apoyo.
- Pero, por lo que me enteré, fue casi un suicidio. ¿Crees que tuvo que ver algo con él?
- Axel es malo por naturaleza, aunque ella fuese una zorra. Por algún motivo sería, pero nunca lo sabremos.
- ¿Y si se lo cuento yo pero sin revelar tu secreto?
- Sería demasiado evidente, Alicia. Mejor esperar a saber cómo termina todo esto. Ya se lo contaré.
- ¿Contarme el qué, Elena? -David bajó las escaleras con un tono de enfado en su voz- Creí que me lo habías contado todo...
- David... No quieras saberlo.
- ¿No me lo vas a contar? -David ya gritaba- ¿Cuál es el motivo de tanto secretismo?
- Por favor, David. Déjalo.
- Está bien.

Al decir esto, David salió de la casa. Elena no pudo contenerse y rompió a llorar. Alicia no sabía que hacer, pero consoló rápidamente a Elena y dijo antes de salir por la puerta disparada:

- No te preocupes, lo solucionaré.

Eran las tres de la mañana. Alicia entró en ese oscuro local que tanto le asustaba. Dos hombres hablaban en la barra de fútbol tomándose unas copas, y el camarero servía una copa de Jack Daniel's a David, que se encontraba sentado en la mesa más apartada. Antes de sentarse, Alicia le pidió un Manhattan al camarero, que volvió a la barra a prepararlo.

- No te pongas así -Alicia se sentó al lado de David, que bebía silenciosamente- No creo que a ella le guste que te pongas así.
- Son tantos secretos... Estoy harto.
- ¿Qué piensas sobre todo esto? -preguntó Alicia mientras bebía un poco de la copa que el camarero acababa de traer.
- Yo la quiero, pero todo esto empieza a descontrolarse, y a descontrolarme.
- ¿Quieres saberlo todo?

Hubo un silencio incómodo, sólo roto por los hielos de la copa casi vacía de David.

- Yo puedo contarte todo lo que necesites saber, David.
- ¿Con qué fin?
- Que la ames con todo tu corazón y sin que nada te impida hacerlo de esa manera.
- No sé...
- Simplemente, escucha...


CONTINUARÁ...

lunes, 25 de enero de 2010

7. Todo a su tiempo, pequeña


- ¡Ya ha llegado, Axel! –dijo Soraya

En la puerta del lujoso chalet un mensajero sostenía un paquete junto con una carpeta. Axel bajó las escaleras con una bata de seda roja y negra puesta y con un cigarro encendido en la mano. Al identificar el paquete, un brillo especial apareció en sus ojos.

- Han pasado ya dos semanas –dijo desde las escaleras Axel- ¿Qué parte del “cuanto antes” no habéis comprendido?
- Yo solo soy un simple mensajero, señor –respondió desde la puerta- Firme aquí, y si tiene alguna queja de la tardanza del pedido llame usted al remitente del mismo.

Tras firmar, Axel quitó de las manos el paquete al mensajero, que volvió a la furgoneta mosqueado. Soraya botaba de alegría al lado de Axel, el cual abría el paquete para encontrar dentro dos CDs

- Mis doce pistas con calidad MP3… Siempre deseé tenerlo así…
- Axel, cariño –dijo Soraya- ¿Qué tienes pensado hacer con el?
- Bueno, pequeña –repuso Axel, abrazando de forma tierna a su acompañante- Soy un hombre creado para la vida publica. Querría preguntarte algo, pero ya sabes que no lo hago ni mucho menos para aprovecharme de todo tu poder…
- Lo que sea, Axel –Soraya parecía derretirse ante el contacto de las manos del músico sobre su piel.
- ¿Conoces alguna otra promotora para mi disco? Paso de discutir con los gilipollas de la discográfica donde grabé esto, han tardado demasiado…
- Hablaré con mi manager –dijo Soraya, casi hipnotizada.

Axel tiró de la mano de Soraya y la llevó con una sonrisa picaresca a la habitación. Cuando la joven adivinó las intenciones del músico, se fue corriendo al baño para arreglarse. Durante ese tiempo, Axel tomó su teléfono móvil y le mandó un mensaje de texto a Alicia, el cual decía:

Espérame a las 22.00 en el sitio de siempre. No te preocupes si tardo, llegaré lo antes posible.

Alicia miró su teléfono de nuevo. En el mensaje ponía que la hora de la cita eran las 22.00, pero su reloj marcaba las 23.47. Entonces el descapotable de Axel aparcó al lado. Del coche salió él, con un traje blanco y camisa roja.

- Siento haber tardado. Acababa de recibir por fin mi CD y Soraya se ha puesto muy… rebelde.
- Ya, entiendo- dijo Alicia, mirando a una pareja que se besaba distraídamente.
- ¿Qué te ocurre, cielo? –Axel apoyó sus manos en las caderas de Alicia mientras besaba su cuello- Estás más callada que de costumbre…
- No es nada en especial, lo siento –respondió Alicia, mientras seguía observando a la pareja feliz.
- Venga, no me mientas. ¿Qué ocurre? Cuéntamelo y trataré de ayudarte.
- Axel…
- ¿Si?
- Tú…
- ¿Yo que? –Axel comenzaba a impacientarse, y eso se le notaba en la voz.
- No se si debería siquiera preguntártelo…
- Vamos, joder –gritó Axel, apretando los brazos de Alicia y haciéndola daño. De los ojos de la joven brotaban unas diminutas lágrimas.
- ¿Me quieres, Axel? –balbuceó Alicia antes de echarse a llorar.

La calle no estaba muy transitada, pero las pocas personas que había miraban a la pareja, atraídos por el llanto de Alicia.

- ¿Qué clase de pregunta es esa? –dijo Axel, soltando a la joven- sabes que si, no se por qué te pones así.
- No me lo demuestras.
- ¿Crees que alguien te cuidaría como lo hago yo? ¿Crees que alguien compraría tu mierda sin más? Yo lo hago porque te quiero.
- ¡Eso es mentira! –Gritó Alicia, enfadada- Solo me quieres para que te venda lo que necesitas, es para lo único que me llamas. Para eso y para follar, y yo ya estoy harta.
- ¿Y qué vas a hacer, Alicia? –Repuso Axel, volviendo a colocar las manos en los hombros de la joven- ¿Vas a ir a la Policía a decirles que no te compro drogas y que te utilizo? Vamos, hombre… Ni siquiera tienes pruebas contra mí. Estás a mi merced, pequeña.
- Me equivoqué contigo- dijo Alicia mientras se secaba las lagrimas- Ahora entiendo a Elena. Ha tenido suerte de encontrar alguien que la quiere de verdad…

En ese momento, Axel propinó un bofetón a Alicia. Esta quedó tendida en el suelo, llorando desconsoladamente. El músico se agachó y rebuscó entre los bolsillos de la chaqueta de la joven. De ellos sacó dos bolsas que contenían marihuana y cocaína. Tras guardarlas, volvió al coche y desapareció.
Nadie se atrevía a acercarse a Alicia. Yacía apoyada contra la pared, sentada, sin fuerzas para levantarse. Desde sus empapados ojos podía ver a la poca gente que pasaba. Se percató de la presencia de una figura en la otra acera, que se acercó a ella y se agachó ante sus ojos. Como la luz venía desde arriba no pudo ver la cara de quien se agachaba, pero por su voz y figura pudo adivinar que era un hombre.

- Hola, pequeña –dijo el extraño hombre- Te veo un poco mal…
- Estoy bien, no se preocupe por mi –respondió Alicia, mirando hacia otro lado.
- He de hacerlo. Es más, quise hacerlo desde el principio, pero quien me manda no estaba del todo de acuerdo. Aunque esto –dijo, sacando una cámara digital del bolsillo- vale su peso en oro…
- ¿Quién eres? –preguntó Alicia, mientras se levantaba con ayuda del extraño- ¿Y quién te manda?
- Todo a su tiempo, pequeña. Por ahora, llámame David.

miércoles, 20 de enero de 2010

6. Ni siquiera sabemos cómo va a terminar todo esto




- Alicia sólo es un juguete -repuso Elena.
- Bien, creo que ya lo entiendo. Soraya le da un rango social mayor, Alicia es su medio para divertirse y tú eras...
- Yo... Bueno, mi historia es mucho más larga.

Mientras cenaban parte de la comida china por encargo que pidieron a la hora del almuerzo, Elena compartió con David datos sobre su nuevo enemigo en común: Axel.

- ¿Y a qué se dedica ese bastardo? -preguntó David mientras recogía su plato.
- Es asesor de imagen personal, pero su arrogancia le ha llevado a la quiebra en más de una ocasión.
- Y tengo otra duda... -dijo David, sentándose de nuevo en la mesa.
- Dispara.
- ¿Por qué yo? ¿Por qué me elegisteis a mí? -Elena miró al suelo algo apenada cuando comenzó a hablar.
- Uno de tus compañeros de trabajo es amigo íntimo de Axel. Todas nuestras víctimas eran ejecutivos de poca monta que no nos aportaban demasiado, pero lo poco que sacábamos lo hacíamos de los oficinistas e incluso becarios de tu empresa y sus asociados.
- Y conmigo decidísteis dar un gran golpe...
- Exacto. Axel decía que perder varios días para sacar tan poco dinero no merecía la pena...
- Espera -David cortó a Elena- ¿Cuánto era para Axel poco dinero?
- Haciendo una media aproximada, en mis "operaciones" solía sacar entre 2000 y 6000€, de los cuales yo sólo tenía derecho a 500.
- ¿Un millón de pesetas por semana es poco dinero? -algo atónito, David preguntaba mientras Elena aún dirigía su mirada al suelo.
- Axel tiene muchos vicios, muchos de ellos muy caros. Al tener a Soraya a su lado puede acceder a ciertos lujos que ni tú ni yo podríamos permitirnos...
- ¿Cuánto calculabas que podrías sacarme a mí?
- Miré tus cuentas, ahorros y demás en los primeros días de la operación. El golpe podría haber sido de más de 60.000€
- Bueno, ya he oído suficiente por hoy -dijo David, dirigiéndose a la habitación. Su tono de voz contenía un toque de ira contenida propia de cuando no pensaba en nada bueno.

Ya en el cuarto, David se puso el pijama y apagó la luz. Pero antes de acostarse se acercó al amplio balcón que la habitación tenía y se asomó por él para observar los coches y peatones de aquella ciudad. Algo en él no estaba del todo resuelto.

- Desde que nos mudamos aquí -dijo Elena, la cual también se había cambiado y se había puesto su camisón de encaje- ha cambiado por completo tu forma de ser.
- No digas chorradas, Elena -Repuso David sin girarse siquiera para mirar a la joven- soy el de siempre con algunos moratones de más.
- No, David. Tú no eres así de callado. Tú solías hablarme todas las noches sobre todas las ideas que se te ocurrían por el día, y después me decías las frases más bellas que una persona puede escuchar.
- Elena...
- Y cuando tenías un rato libre escribías, y cada vez que pasaba delante tuya decías algo sobre mí.
- Por favor... -unas lágrimas se escaparon de los ojos de David.
- Recuerdo cuando me miraste a los ojos y dijiste: "Ese par de retinas me tiene paralizado, son como una mala adicción... Tu mera presencia me hace estremecer por dentro...
- ...y tu belleza incontrolable no tardará en hacerme caer en el profundo sueño de la noche eterna a tu lado". Pensé que no lo escuchaste...
- Claro que lo escuché, David.
- Ni siquiera me miraste...
- No podía hacerlo, estaba intentando encontrar las palabras adecuadas para responder, pero no existen... Joder, ¿qué te ocurre, David? -En ese momento Elena pasó su brazo por la cintura del escritor y apoyó la cabeza en su hombro.
- No termino de asimilar todo esto... Este cambio radical que ha hecho mi vida en tan poco tiempo.
- Todo volverá a la normalidad, te lo prometo...
- No me preocupa que nada vuelva a ser como antes. Me preocupa qué va a ser de mí, y qué va ser de tí cuando todo esto termine...

Hubo un silencio. Sólo el ruido de la calle lo perturbaba, y sólo la luz de la luna les iluminaba. Los minutos pasaban despacio, y ninguno de los dos se atrevía a hablar. Tras un largo suspiro, Elena se atrevió a dar el paso.

- Ni siquiera sabemos cómo va a terminar todo esto...
- ¿Y qué haremos hasta que termine? -David miró a los ojos a Elena, la cual le devolvió la mirada y le abrazó.
- Yo solo voy a hacer una cosa, y con toda mi alma, durante todo este tiempo, y es amarte. ¿Me amarás tu a mí también?

David, simplemente, la besó.

martes, 19 de enero de 2010

5. Sabes que no podemos hacer nada…


Nada que ocultar. Ni una palabra de la que arrepentirse ni ninguna acción comprometida que pueda hacerme perder los estribos. Ya me lo ha dicho. Llevo casi dos meses esperando esto, y aquí está. ¿Por qué dos simples palabras me hacen sentir tan vivo? Ese vacío que notaba en el pecho ha desaparecido, esa necesidad de cariño ya no deriva en dolor, sino que termina en sus brazos, en sus caricias, en sus besos… ¿Qué más dará que me quieran matar o que me odien en todo el país? Tengo a Elena. No necesito nada más.

- Voy a salir –dijo ella, cogiendo su chaqueta del perchero.
- ¿Dónde vas? –preguntó David con algo de curiosidad y preocupación mezcladas.
- Quiero hablar con una persona que puede darme muchas respuestas a esto.
- Y esa persona es…
- Alicia. Ya te hablaré de ella en otro momento, ahora he quedado con ella.
- De acuerdo. Ten cuidado.
- Oye, David… -dijo Elena, antes de cerrar la puerta a su paso.
- Dime, cariño.
- Te amo.

Una figura pequeña recorría la calle principal de la ciudad buscando a alguien entre toda la gente. Elena se acercó a ella y le puso la mano en el hombro. La chica, asustada, gritó y saltó ante ese contacto, pero se relajó cuando vio a Elena.

- Joder, Elena –dijo Alicia, que seguía mirando a todas partes- no deberías estar aquí. Si Axel te ve, nos matará a las dos…
- ¿Anda cerca de aquí? –preguntó Elena, mirando ahora también a todos sitios.
- No, ahora no, pero no puede tardar mucho. Quedé con él a y cuarto y ya son y media…
- Ese hasta menos cuarto no aparece por aquí. ¿No le conoces ya lo suficiente?
- Bueno, es cierto…
- ¿Sigues en el mismo plan? –preguntó Elena, concentrándose en la joven Alicia.
- ¿Y qué hago si no, Elena? Es la única forma que tengo de salir adelante.
- Tampoco será para tanto, nena.
- Ya conoces mi situación…
- Claro que la conozco. La chica callada que camina detrás del gilipollas. Soraya se dedicaba a darle popularidad, yo a darle pasta y tú a complacerle…
- Es que…
- ¿Me vas a contar la misma de siempre? “Si, Elena, yo le quiero…” El problema es que él no te quiere a ti.
- Pero me siento bien así…
- Te sentirías mejor haciendo algo bueno de verdad. Estudiando o trabajando, no siendo la última opción de ese idiota…
- Elena, ya hemos discutido sobre esto muchas veces.
- Y seguiré reprochándotelo tantas veces sea posible. No desperdicies tu tiempo y haz algo con tu vida que no sea adorar a Axel.
- ¿Alguna idea?
- Acaba con el.
- ¿Qué?
- No me refiero a que le mates, sino a que entre Soraya y tu acabéis con el.
- Soraya sin Axel tiene la vida solucionada, yo no.
- No me jodas, Alicia…


En ese momento Alicia señaló en dirección a un coche que aparcaba cerca de su posición. Era Axel. Elena se despidió rápidamente de su amiga y salió corriendo. Axel se acercó a Alicia y la besó mientras sus dos manos se lanzaban estrepitosamente sobre el cuerpo de la joven. Ésta sólo podía mirar.


Elena volvió a casa algo decepcionada y se tiró en el sillón al lado de David, el cual la rodeó con el brazo que no tenía el cabestrillo.

- ¿Qué tal con Alicia?
- No he sacado nada en claro…

De repente, el teléfono móvil de Elena vibró en su bolsillo. Era un mensaje de Alicia.

Déjalo, Elena. Sabes que no podemos hacer nada…

lunes, 18 de enero de 2010

4. La verdad siempre sale a la luz.


No tengo nada que declarar. Los abusos de los que he sido acusado no son más que injurias contra mi persona. La policía me detuvo cuando me defendía a mi mismo. Ese gilipollas se ha dedicado a joderme la vida por completo, y tengo pruebas. Ahí se pudra en el infierno
Estas son las fuertes declaraciones de la actual pareja de Soraya Cruz sobre su doble acusación de intento de asesinato. La actriz prefiere mantenerse al margen del asunto y no ha declarado nada a la prensa.

- Ahora soy el malo nacional- dijo David, un poco decaído- No tenía suficiente con ser el tullido que ahora también soy odiado por todo el país…
- No te pongas así, la verdad siempre sale a la luz…

Elena había traído parte de los efectos personales de David a casa de su tío y ahora miraban la gran pantalla del salón. La prensa rosa sólo tenía un tema de debate: Los hechos que llevaron a Axel Labrador a intentar asesinar a David Rodríguez. Algunos periodistas lo asociaban a temas de drogas, prostitución e incluso tráfico humano.

-¿Sabes que de, alguna forma, eso de lo que os acusan es cierto?- dijo Elena, con algo de miedo a hablar.
- ¿Piensas que yo soy traficante de personas?
- No, hablo de Axel. Yo era su objeto…
- Si, me contaste algo sobre los “Conejillos de Indias”…
- Tú.
- ¿Qué?
- Tú comenzaste siendo una victima más.

El silencio se hizo en la sala. David apagó la televisión y dirigió su mirada al infinito. Elena, muy preocupada, le abrazó, pero no obtuvo una respuesta. Estaba paralizado.

- David, yo… Sabía que este momento tendría que llegar. Quise haberlo hecho antes, pero que Axel apareciese de esta forma no ayudó demasiado. El día que me fui era porque… Porque era el momento de mandar al infierno a Axel. Ese hijo de puta me usaba como su puta, y yo por fin me sentía bien. Por fin había encontrado mi sitio, donde de verdad me sentía querida, con alguien tan especial como tú…

David seguía sin articular palabra.

- Desde que pasó aquella semana todo cambió para mí. Mi método era sencillo: Entrar, sacar todo lo posible y salir. Eras una víctima perfecta: Un empresario solitario cuyos gastos eran mínimos. A simple vista, eras un trabajo más. Pero luego fui… no se cómo describirlo… Era una especie de dependencia a ti. Nunca me he enganchado a nada, ni siquiera puedo decir que soy adicta al alcohol. Si, ya se que en tu casa me lo he bebido todo, pero había un motivo claro. No podía dejar que esa dependencia perturbase mi trabajo. Axel me mataría… Y cuando me preguntaste aquello de que si yo te quería…

Elena no pudo resistirlo. Tomó el rostro de David y le besó. Todo aquel sentimiento inefable fue expresado de forma casi espontánea. Durante largos minutos, sus labios fueron un hervidero de pasion desatada.

- Hice muy mal –dijo Elena al separar su boca de la de David- al no decirte en ese momento que yo no te quiero.
- ¿Y por que me besas? –dijo David, algo aturdido.
- Porque yo no te quiero. Te amo.

sábado, 16 de enero de 2010

3. No es culpable de nada.


- Es que son tantas cosas las que tendría que contarte, David...
- Elena, antes o después has de hacerlo.

Y pasaron otras tres noches. David ya estaba recuperado de la brutal paliza que le propinó Axel y se preparaba para recibir el alta al día siguiente. Sólo tendría que llevar un cabestrillo durante una o dos semanas más.

- ¿De qué conoces a ese gilipollas?
- Ese gilipollas es... Iba a decir que es mi ex-novio, pero no podría catalogarlo como tal.
- ¿Entonces? -dijo un poco extrañado David.
- De alguna forma yo era su juguete, su herramienta. Él me utilizaba para sacar partido a lo que el llama sus "conejillos de indias". Es una historia muy larga...
- Tengo todo el tiempo del mundo.
- Pues yo...

De repente, Elena enmudeció. Con los ojos clavados en la pantalla de la televisión tocó la pierna de David para pedirle que mirase en la misma dirección. David también se quedó sin palabras.

"La famosa actriz Soraya Cruz ha visitado hoy la comisaría local para pagar la fianza de su supuesta nueva pareja. Axel Labrador, el presunto nuevo novio de la actriz, está acusado de doble intento de asesinato. Fue detenido esa misma noche, pero el pago de la fianza le deja en libertad condicional. Ante las cuestiones de la prensa, Soraya respondió: "Axel no merece estar aquí encerrado, no es culpable de nada." Ambos abandonaron la zona en el vehículo del acusado. Para más información..."

- Dime que ese Axel no es... -David miraba con los ojos como platos la noticia.
- Axel Labrador Palacios...
- El problema es que sabe dónde vivimos.
- No hay problema, nos mudaremos a la casa de mi tío. Me la dejó cuando él se fue a vivir a Panamá. Además, está cerca de tu casa. Si necesitas cualquier cosa no tendrás que dar un viaje demasiado largo.
- Todo es tan precipitado...
- No te preocupes, cariño. Todo saldrá bien.

Yo no pensaba lo mismo que Elena. Estaba tan segura de que ese tío no volvería a encontrarnos que fue a por el alta en ese momento. ¿Y qué pasaba conmigo? Bastante había dejado mi vida de lado como para hacerlo aún más. Desde que Elena apareció todo se ha torcido para mí. Mi trabajo, lo primero. El único ingreso económico que tenía se había ido al garete. Suerte que el piso ya lo tenía del todo pagado, pero también tiene ciertos costes que se irán comiendo mis pocos ahorros hasta dejarlos a cero.

Lo que Elena no especificó es el estado económico de su tío. Casi se me cae el brazo del cabestrillo en el que reposaba. ¿Era eso una casa o un palacio minimizado? Pantalla plana de unas cincuenta pulgadas, sofás de cuero, muebles de estilo moderno, cocina americana equipada con todo lujo de detalles...

- ¿Y esto? -dijo David, asombrado.
- El piso de mi tío, ya te lo dije.
- Pero... ¿No vives aquí?
- Si y no. Vivía con Axel, pero en su chalet de las afueras. Este era mi rinconcito personal. Cuando quería alejarme de la vida cotidiana venía a este pequeño paraíso a pasar unos días.
- ¿Sabe Axel de la existencia de esto?
- Qué va. Cuando venía aquí le decía que iba a visitar a unos familiares, pero nada más.
- Cuánto lujo...
- Vete a la cama, tienes que descansar.
- No hasta que me cuentes lo de Axel.
- Mañana, te lo prometo.

Sólo por esa promesa, David se fue a dormir.

lunes, 11 de enero de 2010

2. Solo venia a terminar el trabajo

Pasaron unos cinco días, y las heridas del cuerpo de David iban recomponiéndose poco a poco. Ya podía hablar, aunque muy difícilmente. Durante ese tiempo, todos los familiares del hospitalizado pasaron a hacerle una visita. A plena vista, no era gente muy afable y no se quedaba mucho tiempo. Incluso miraban mal a Elena, que acompañaba a David las veinticuatro horas del día.

Era la quinta noche de estancia en el hospital, y David dormía. Elena no tenía sueño, y miraba la televisión distraídamente. De repente, una figura se plantó en la puerta de la habitación. Debido a la luz que procedía del pasillo, la joven no conseguía distinguir al nuevo invitado.

- Buenas noches –dijo Elena al desconocido, probablemente un familiar de David- Siento decirle que el horario de visitas ha terminado. ¿Podría pasarse mañana a una hora más temprana?
- ¿Para qué? –Dijo el desconocido, el cual Elena reconoció de inmediato- Solo venia a terminar el trabajo.
- Hijo de puta, lárgate de aquí –gritó Elena, colocándose entre David y la nueva amenaza- la denuncia ya está puesta, es cuestión de tiempo que te metan entre rejas.
- Vamos, Elena –respondió, entrando en la sala tranquilamente y cerrando la puerta con llave a su paso- ¿te vas a poner violenta? Sabes que me encanta que lo hagas…
- Axel, o te largas ahora mismo o te juro que te mato.
- Tranquila, pequeña –el tipo que agredió a David se acercó a Elena y acarició su cara, acercándose con sus labios a poca distancia de los de la joven- en cuanto acabe con este tipo volveremos a casa y seguiremos nuestra vida normal, como antes.
- ¡Aléjate de mi! –tras decir esto, Elena empujó a Axel contra la pared. Entre el tumulto, una enfermera golpeaba la puerta y David despertó.
- No puedes hacer nada por pararme, Elena. No tienes opción, me perteneces.

Axel, con aire victorioso, sacó de su bolsillo un cuchillo y se acerco a Elena. Ésta trató de volver a empujarle, pero el puño del agresor golpeó a la joven e hizo que su cabeza chocase contra el suelo, que comenzó a sangrar.
Tras quitarse de encima a Elena, Axel arremetió contra David, el cual miraba aterrado la escena. En el momento que el indeseable invitado levantaba su cuchillo, la puerta de la habitación fue abierta de una patada y dos agentes de policía entraron, pistola en mano, apuntando a Axel. Éste, con una sonrisa macabra, lanzó su puño en horizontal buscando el vientre de David. Para su sorpresa, el herido agarró la mano de su agresor a tiempo para que el cuchillo se quedase a milímetros de su cuerpo. Un medico atendió a Elena mientras los policías esposaban a Axel, el cual observaba atónito la mirada de odio que David le profería.

- Te mataré, hijo de perra –dijo Axel mientras era arrastrado fuera- juro que te mataré por quitarme a Elena.
- No si te encuentro yo antes… -susurró David, con una sonrisa en su rostro.

domingo, 10 de enero de 2010

1. ¿Estoy en el cielo?


Está grave...


No responde a los estímulos, conectad el desfibrilador...


Vamos, joder, reacciona...


Le perdemos...



Blanco... Cuánto blanco... ¿Es esto el cielo? Espero que no... Hay tantas cosas que quiero decirle a tanta gente que morir ahora no sería la mejor opción. ¿Estará Gina por aquí? Si esto es el cielo y yo he accedido a él, después de mi pasado... ¿Y Elena? Dios, necesito ver a Elena. Necesito abrazarla, besarla... Con ella el tiempo pasa fugaz, pero desearía pararlo por completo para disfrutar del contacto de mi piel con la suya, de mis labios con los suyos... ¿Quién es esta gente que me rodea? Ropas doradas y blancas decoran sus cuerpos, me miran con preocupación mientras me arrastran hasta la luz. Todo brilla demasiado, me está cegando...



- ¿Cómo se encuentra, doctor?
- Su estado es de alta gravedad, pero se encuentra estable y fuera de peligro. Cinco minutos más y estaría en coma o muerto.
- ¿Es posible que algo como lo que le ha ocurrido le pueda matar?
- Tiene múltiples contusiones, fracturas en costillas, húmero derecho y parte occipital del cráneo. Ha perdido gran cantidad de sangre y recemos para que no sufra ningún daño cerebral.
- Joder, esto no puede estar ocurriendo...
- ¿Conoce usted al agresor?
- Si, conozco a ese desgraciado.
- Pues lo mejor será tramitar una denuncia por intento de asesinato. Esa paliza le ha podido costar la vida a ese pobre hombre. No hay ningún signo de defensa.
- David es así, seguro que trataría de hablar con ese hijo de perra antes que ponerle la mano encima.
- Sea lo que sea, haga algo pronto o será el hospital el que tome medidas.

El doctor abandonó la sala. Elena se acercó al magullado cuerpo de David y se sentó en el borde de la cama. La sangre cubría su rostro, pero no parecía importarle a la jóven. Besaba el rostro de la víctima con una expresión mezcla entre el perdón, el arrepentimiento y la frustración.

- Claro que te quiero, David -le decía al oído, en un tono casi inaudible- joder, ¿cómo no te voy a querer? Me lo has dado todo durante todo el tiempo que he estado contigo. ¿Cómo pude dudar de tí? Joder, despierta...
- E-ele-na... -su voz sonaba ronca, y estaba usando el poco aire que le quedaba para articular esas palabras- ¿Estoy e-en el ci-cielo?
- No, David, estás en el hospital -Elena no podía ocultar su sonrisa al ver a David abrir los ojos y mirarla- ya estás a salvo.
- La luz...
- ¿Te molesta la luz? Espera, dame un segundo.

La jóven salió corriendo hacia la puerta. Desde ahí llamó al médico que atendió a David y graduó la luz para hacerla más tenue.

- Ha reaccionado, doctor -decía Elena- puede hablar, ¡me ha hablado!
- Tranquila, señorita -dijo el doctor- siéntese y comience a tramitar los papeles de la denuncia.
- Si, ya estaba en ello.

sábado, 9 de enero de 2010

17. Mira hacia atrás, ¿Qué ves?


Y ahí estaba yo, mirando por la ventana de nuevo, mirando como el servicio funerario se llevaba el cadáver de Gina. Comenzó en un parque, leyendo a Bécquer, y terminó en mi piso con un coma etílico.

Cuan efímero es el amor… Hoy lo he descubierto. Mira hacia atrás, ¿qué ves? Un sentimiento puro y bello, una persona perfecta ante tus cinco sentidos… ¿Cuánto duró todo aquello? No fue eterno. Nada es eterno. ¿Dónde estaría la emoción en algo eterno? Sabes que no va a terminar, y no trabajas día a día por ello. Eso es lo bonito en la vida, luchar por lo que deseas. Sufriendo las muchísimas adversidades que el camino crea, pero superándolas con éxito. Y que si termina, sea por lo que sea, poder levantar la cabeza y decir “Que cojones, lo he hecho bien…”
Desgraciadamente el ser humano es tan vago y patoso que prefiere lo eterno, tenerlo todo hecho e irse a la cama sin ninguna preocupación. No puedes considerarte persona si no has disfrutado al arreglar las cosas con una persona que has discutido, o al decir “te quiero” después de una larga espera fundamentada por el miedo y la timidez.

Recogí los restos de la botella que Gina tiró antes de morir y me senté en el sillón, esperando una señal. No sabía de que tipo, pero una señal. Algo que me sacase del shock en el que me encontraba.

Y sonó el timbre de la puerta. Abrí sin más, ¿Qué me podía ocurrir esa noche? Ya lo había visto todo…

Todo, excepto el “Crochet” de derecha que voló directo a mi mejilla izquierda. De la fuerza con la que venía el golpe me choqué contra la pared, y cuando recuperé la compostura, la persona que me había pegado me empujó dentro de mi casa y cerró la puerta.

- Tu debes de ser David… -dijo el misterioso invitado, que me tenía acorralado. No sabía dónde meterme para estar a salvo- David Rodríguez Valero, ¿me equivoco?
- No, no te equivocas. ¿Qué coño quieres de mí? Llévatelo todo y márchate.
- ¿Piensas que soy un ladrón? –Al decir esto me propinó una patada en las costillas que me cortó la respiración- No, no quiero tu sucio dinero.
- ¿Y qué coño quieres? –me costaba hablar después de aquella patada, pero utilicé el poco aire que quedaba para tratar de dialogar.
- No se qué coño ha visto en ti, das pena –y volvió a golpearme- Aunque mi vendetta será dulce, dolorosa y muy lenta…

Lo ultimo que recuerdo fue la planta del zapato de aquel hombre lanzándose en picado contra mi cara.




FIN DE LA PRIMERA PARTE

miércoles, 6 de enero de 2010

16. Yo no soy el motivo



- David, yo...
Hubo un silencio. Yo volví a mirar por la ventana. La calle no había cambiado, la gente seguía caminando y los coches se guiaban por las señales de tráfico.
Su respiración y los latidos de mi corazón era lo único que alcanzaba a escuchar. Hasta el ruido de la urbe me parecía lejano comparado con lo que en esa habitación se concentraba.
- ¿Por qué me preguntas esto ahora, David? -dijo ella, algo confusa.
- Bueno, creo que es sencillo. Llevo más de un mes contigo, cuando dije que sólo iba a permanecer contigo una semana. Me han echado del trabajo, de mi puesto fijo, ¿y por qué? Dime tú el motivo por el que estoy así.
- Yo no soy el motivo.
- Si tú no fueses el motivo, ahora estaría haciendo informes, o en el bar tomándome una copa a solas.
Otro silencio prolongado. Pensé que aquello no terminaría nunca, hasta que Elena rompió la distancia que nos unía y me abrazó. Tras eso, echó a llorar desconsoladamente.
¿Cuánto tiempo nos tiramos abrazados frente a la ventana? No lo recuerdo. Sólo recuerdo que cuando menos lo esperaba, cogió una chaqueta, su bolso, y aún secándose las lágrimas se dirigió a la puerta. Desde ella, cortó sus sollozos por un momento y me miró. Yo seguía frente a la ventana, mirando anodadado cómo se iba. Poco después, comenzó a llorar de nuevo y se marchó.
Me dí la vuelta poco a poco y ví cómo Elena corría por la calle. Se chocaba con la gente y no miraba hacia atrás. Sabía que, desde la ventana, la estaba mirando.
En ese momento alguien llamó a la puerta. Me acerqué poco a poco a ella, con un poco de miedo. No podía ser Elena, aún corría por la gran ciudad, y no se podía haber dado la vuelta y subir los doce pisos de altura en tan poco tiempo. ¿Quién podía ser? Aquel que estuviese detrás de mi puerta la golpeaba con fuerza y repetidamente.
- ¿Quién es?
- ¡Abre la maldita puerta, bastardo! Quiero reirme un poco de tí...
La voz me resultaba tremendamente familiar, pero no era capaz de recordar quién era. Miré por la mirilla, pero la luz del rellano estaba apagada y no podía distinguir la cara de mi visitante. Sólo supe que era una mujer.
- He preguntado que quién es.
- ¡Tu peor pesadilla! -y la voz comenzó a soltar una carcajada prolongada. Estaba notablemente ebria, y decidí abrir.
Cuando tiré de la puerta, la figura de esa mujer entró hasta el salón tambaleándose y se tiró al sillon. No había encendido ninguna luz y seguía sin diferenciar quién demonios era esa tía, pero sabía de sobra la ubicación de las cosas de mi casa, porque tras tirarse al sillón se dirigió al minibar y abrió una botella de Vodka Absolut.
- ¿Me quieres decir quién coño eres de una puta vez? No me hagas llamar a la policía...
- Venga, David, no tienes cojones a hacerlo.
No necesité encender la luz para reconocer quién era mi visitante después de esta frase, pero lo hice para asegurarme. Tal y como pensé, Gina estaba tumbada tranquilamente en mi sillón bebiendo.
- ¿Qué quieres? Ya lo zanjamos todo, no tienes nada que hacer aquí.
- ¿Eso crees, cabronazo? -respondió entre risas Gina- Sólo quería ver qué tal te va la vida.
- No es asunto tuyo.
- Claro que lo es, yo era lo que más querías. ¿O no? Me lo repetías cada noche antes de dormir en esa cama...
- Cosa del pasado.
- Por cierto, está desecha. Que, ¿ya me has buscado sustituta? Porque el rey del orden no podría mantener algo fuera de lo normal...
- No es de tu incumbencia, Gina -repuse con algo de dolor por la marcha repentina de Elena- lárgate, no quiero más problemas contigo.
- Bah, que te follen. Yo me voy a casar con un tío que merece la pena.
- ¿Que te vas a casar...? -no pude evitar quedarme sin palabras ante la noticia
- ¡SOY MUY FELIZ! -gritó Gina, antes de caer al suelo borracha.
- Gina, si eres feliz lárgate a otro sitio, no me interesa.
No hubo respuesta. Me acerqué a ella y traté de despertarla con el pie. No reaccionaba. Asustado, la di la vuelta y la agité. No abría los ojos. Tomé su pulso por precaución, y la fría noticia de que no tenía inundó de miedo mi cuerpo. Traté de reanimarla, pero después de media hora practicando la técnica del "boca a boca" (Fue mucho tiempo de relación, en ese asunto no vacilé) determiné que estaba muerta.
- Si, un shock -dijo un policía, mientras los operarios de la funeraria se llevaban en camilla el cuerpo de la joven- entró en un coma etílico grave y la falta de medios para el tratamiento la llevaron a esto. ¿Era familiar suyo?
- Mi ex-novia. Vino borracha perdida, y continuó bebiendo. No pensé que fuese a ocurrir nada de esto.
- ¿Cuál fue el motivo de la visita? ¿Mantienen una relación de amistad?
- No, todo lo contrario. Hace relativamente poco discutimos y cortamos, y hoy ha venido gritándome y repitiéndome que se iba a casar.
- ¿Conoce usted a su futuro cónyuge?
- Ni idea. Como bien le digo, hace meses que no hablo con ella.
- Bien, miraremos en el registro de su teléfono móvil y encontraremos al susodicho futuro marido. Gracias por su colaboración.