lunes, 25 de enero de 2010

7. Todo a su tiempo, pequeña


- ¡Ya ha llegado, Axel! –dijo Soraya

En la puerta del lujoso chalet un mensajero sostenía un paquete junto con una carpeta. Axel bajó las escaleras con una bata de seda roja y negra puesta y con un cigarro encendido en la mano. Al identificar el paquete, un brillo especial apareció en sus ojos.

- Han pasado ya dos semanas –dijo desde las escaleras Axel- ¿Qué parte del “cuanto antes” no habéis comprendido?
- Yo solo soy un simple mensajero, señor –respondió desde la puerta- Firme aquí, y si tiene alguna queja de la tardanza del pedido llame usted al remitente del mismo.

Tras firmar, Axel quitó de las manos el paquete al mensajero, que volvió a la furgoneta mosqueado. Soraya botaba de alegría al lado de Axel, el cual abría el paquete para encontrar dentro dos CDs

- Mis doce pistas con calidad MP3… Siempre deseé tenerlo así…
- Axel, cariño –dijo Soraya- ¿Qué tienes pensado hacer con el?
- Bueno, pequeña –repuso Axel, abrazando de forma tierna a su acompañante- Soy un hombre creado para la vida publica. Querría preguntarte algo, pero ya sabes que no lo hago ni mucho menos para aprovecharme de todo tu poder…
- Lo que sea, Axel –Soraya parecía derretirse ante el contacto de las manos del músico sobre su piel.
- ¿Conoces alguna otra promotora para mi disco? Paso de discutir con los gilipollas de la discográfica donde grabé esto, han tardado demasiado…
- Hablaré con mi manager –dijo Soraya, casi hipnotizada.

Axel tiró de la mano de Soraya y la llevó con una sonrisa picaresca a la habitación. Cuando la joven adivinó las intenciones del músico, se fue corriendo al baño para arreglarse. Durante ese tiempo, Axel tomó su teléfono móvil y le mandó un mensaje de texto a Alicia, el cual decía:

Espérame a las 22.00 en el sitio de siempre. No te preocupes si tardo, llegaré lo antes posible.

Alicia miró su teléfono de nuevo. En el mensaje ponía que la hora de la cita eran las 22.00, pero su reloj marcaba las 23.47. Entonces el descapotable de Axel aparcó al lado. Del coche salió él, con un traje blanco y camisa roja.

- Siento haber tardado. Acababa de recibir por fin mi CD y Soraya se ha puesto muy… rebelde.
- Ya, entiendo- dijo Alicia, mirando a una pareja que se besaba distraídamente.
- ¿Qué te ocurre, cielo? –Axel apoyó sus manos en las caderas de Alicia mientras besaba su cuello- Estás más callada que de costumbre…
- No es nada en especial, lo siento –respondió Alicia, mientras seguía observando a la pareja feliz.
- Venga, no me mientas. ¿Qué ocurre? Cuéntamelo y trataré de ayudarte.
- Axel…
- ¿Si?
- Tú…
- ¿Yo que? –Axel comenzaba a impacientarse, y eso se le notaba en la voz.
- No se si debería siquiera preguntártelo…
- Vamos, joder –gritó Axel, apretando los brazos de Alicia y haciéndola daño. De los ojos de la joven brotaban unas diminutas lágrimas.
- ¿Me quieres, Axel? –balbuceó Alicia antes de echarse a llorar.

La calle no estaba muy transitada, pero las pocas personas que había miraban a la pareja, atraídos por el llanto de Alicia.

- ¿Qué clase de pregunta es esa? –dijo Axel, soltando a la joven- sabes que si, no se por qué te pones así.
- No me lo demuestras.
- ¿Crees que alguien te cuidaría como lo hago yo? ¿Crees que alguien compraría tu mierda sin más? Yo lo hago porque te quiero.
- ¡Eso es mentira! –Gritó Alicia, enfadada- Solo me quieres para que te venda lo que necesitas, es para lo único que me llamas. Para eso y para follar, y yo ya estoy harta.
- ¿Y qué vas a hacer, Alicia? –Repuso Axel, volviendo a colocar las manos en los hombros de la joven- ¿Vas a ir a la Policía a decirles que no te compro drogas y que te utilizo? Vamos, hombre… Ni siquiera tienes pruebas contra mí. Estás a mi merced, pequeña.
- Me equivoqué contigo- dijo Alicia mientras se secaba las lagrimas- Ahora entiendo a Elena. Ha tenido suerte de encontrar alguien que la quiere de verdad…

En ese momento, Axel propinó un bofetón a Alicia. Esta quedó tendida en el suelo, llorando desconsoladamente. El músico se agachó y rebuscó entre los bolsillos de la chaqueta de la joven. De ellos sacó dos bolsas que contenían marihuana y cocaína. Tras guardarlas, volvió al coche y desapareció.
Nadie se atrevía a acercarse a Alicia. Yacía apoyada contra la pared, sentada, sin fuerzas para levantarse. Desde sus empapados ojos podía ver a la poca gente que pasaba. Se percató de la presencia de una figura en la otra acera, que se acercó a ella y se agachó ante sus ojos. Como la luz venía desde arriba no pudo ver la cara de quien se agachaba, pero por su voz y figura pudo adivinar que era un hombre.

- Hola, pequeña –dijo el extraño hombre- Te veo un poco mal…
- Estoy bien, no se preocupe por mi –respondió Alicia, mirando hacia otro lado.
- He de hacerlo. Es más, quise hacerlo desde el principio, pero quien me manda no estaba del todo de acuerdo. Aunque esto –dijo, sacando una cámara digital del bolsillo- vale su peso en oro…
- ¿Quién eres? –preguntó Alicia, mientras se levantaba con ayuda del extraño- ¿Y quién te manda?
- Todo a su tiempo, pequeña. Por ahora, llámame David.

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