
- Alicia sólo es un juguete -repuso Elena.
- Bien, creo que ya lo entiendo. Soraya le da un rango social mayor, Alicia es su medio para divertirse y tú eras...
- Yo... Bueno, mi historia es mucho más larga.
Mientras cenaban parte de la comida china por encargo que pidieron a la hora del almuerzo, Elena compartió con David datos sobre su nuevo enemigo en común: Axel.
- ¿Y a qué se dedica ese bastardo? -preguntó David mientras recogía su plato.
- Es asesor de imagen personal, pero su arrogancia le ha llevado a la quiebra en más de una ocasión.
- Y tengo otra duda... -dijo David, sentándose de nuevo en la mesa.
- Dispara.
- ¿Por qué yo? ¿Por qué me elegisteis a mí? -Elena miró al suelo algo apenada cuando comenzó a hablar.
- Uno de tus compañeros de trabajo es amigo íntimo de Axel. Todas nuestras víctimas eran ejecutivos de poca monta que no nos aportaban demasiado, pero lo poco que sacábamos lo hacíamos de los oficinistas e incluso becarios de tu empresa y sus asociados.
- Y conmigo decidísteis dar un gran golpe...
- Exacto. Axel decía que perder varios días para sacar tan poco dinero no merecía la pena...
- Espera -David cortó a Elena- ¿Cuánto era para Axel poco dinero?
- Haciendo una media aproximada, en mis "operaciones" solía sacar entre 2000 y 6000€, de los cuales yo sólo tenía derecho a 500.
- ¿Un millón de pesetas por semana es poco dinero? -algo atónito, David preguntaba mientras Elena aún dirigía su mirada al suelo.
- Axel tiene muchos vicios, muchos de ellos muy caros. Al tener a Soraya a su lado puede acceder a ciertos lujos que ni tú ni yo podríamos permitirnos...
- ¿Cuánto calculabas que podrías sacarme a mí?
- Miré tus cuentas, ahorros y demás en los primeros días de la operación. El golpe podría haber sido de más de 60.000€
- Bueno, ya he oído suficiente por hoy -dijo David, dirigiéndose a la habitación. Su tono de voz contenía un toque de ira contenida propia de cuando no pensaba en nada bueno.
Ya en el cuarto, David se puso el pijama y apagó la luz. Pero antes de acostarse se acercó al amplio balcón que la habitación tenía y se asomó por él para observar los coches y peatones de aquella ciudad. Algo en él no estaba del todo resuelto.
- Desde que nos mudamos aquí -dijo Elena, la cual también se había cambiado y se había puesto su camisón de encaje- ha cambiado por completo tu forma de ser.
- No digas chorradas, Elena -Repuso David sin girarse siquiera para mirar a la joven- soy el de siempre con algunos moratones de más.
- No, David. Tú no eres así de callado. Tú solías hablarme todas las noches sobre todas las ideas que se te ocurrían por el día, y después me decías las frases más bellas que una persona puede escuchar.
- Elena...
- Y cuando tenías un rato libre escribías, y cada vez que pasaba delante tuya decías algo sobre mí.
- Por favor... -unas lágrimas se escaparon de los ojos de David.
- Recuerdo cuando me miraste a los ojos y dijiste: "Ese par de retinas me tiene paralizado, son como una mala adicción... Tu mera presencia me hace estremecer por dentro...
- ...y tu belleza incontrolable no tardará en hacerme caer en el profundo sueño de la noche eterna a tu lado". Pensé que no lo escuchaste...
- Claro que lo escuché, David.
- Ni siquiera me miraste...
- No podía hacerlo, estaba intentando encontrar las palabras adecuadas para responder, pero no existen... Joder, ¿qué te ocurre, David? -En ese momento Elena pasó su brazo por la cintura del escritor y apoyó la cabeza en su hombro.
- No termino de asimilar todo esto... Este cambio radical que ha hecho mi vida en tan poco tiempo.
- Todo volverá a la normalidad, te lo prometo...
- No me preocupa que nada vuelva a ser como antes. Me preocupa qué va a ser de mí, y qué va ser de tí cuando todo esto termine...
Hubo un silencio. Sólo el ruido de la calle lo perturbaba, y sólo la luz de la luna les iluminaba. Los minutos pasaban despacio, y ninguno de los dos se atrevía a hablar. Tras un largo suspiro, Elena se atrevió a dar el paso.
- Ni siquiera sabemos cómo va a terminar todo esto...
- ¿Y qué haremos hasta que termine? -David miró a los ojos a Elena, la cual le devolvió la mirada y le abrazó.
- Yo solo voy a hacer una cosa, y con toda mi alma, durante todo este tiempo, y es amarte. ¿Me amarás tu a mí también?
David, simplemente, la besó.


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