sábado, 9 de enero de 2010

17. Mira hacia atrás, ¿Qué ves?


Y ahí estaba yo, mirando por la ventana de nuevo, mirando como el servicio funerario se llevaba el cadáver de Gina. Comenzó en un parque, leyendo a Bécquer, y terminó en mi piso con un coma etílico.

Cuan efímero es el amor… Hoy lo he descubierto. Mira hacia atrás, ¿qué ves? Un sentimiento puro y bello, una persona perfecta ante tus cinco sentidos… ¿Cuánto duró todo aquello? No fue eterno. Nada es eterno. ¿Dónde estaría la emoción en algo eterno? Sabes que no va a terminar, y no trabajas día a día por ello. Eso es lo bonito en la vida, luchar por lo que deseas. Sufriendo las muchísimas adversidades que el camino crea, pero superándolas con éxito. Y que si termina, sea por lo que sea, poder levantar la cabeza y decir “Que cojones, lo he hecho bien…”
Desgraciadamente el ser humano es tan vago y patoso que prefiere lo eterno, tenerlo todo hecho e irse a la cama sin ninguna preocupación. No puedes considerarte persona si no has disfrutado al arreglar las cosas con una persona que has discutido, o al decir “te quiero” después de una larga espera fundamentada por el miedo y la timidez.

Recogí los restos de la botella que Gina tiró antes de morir y me senté en el sillón, esperando una señal. No sabía de que tipo, pero una señal. Algo que me sacase del shock en el que me encontraba.

Y sonó el timbre de la puerta. Abrí sin más, ¿Qué me podía ocurrir esa noche? Ya lo había visto todo…

Todo, excepto el “Crochet” de derecha que voló directo a mi mejilla izquierda. De la fuerza con la que venía el golpe me choqué contra la pared, y cuando recuperé la compostura, la persona que me había pegado me empujó dentro de mi casa y cerró la puerta.

- Tu debes de ser David… -dijo el misterioso invitado, que me tenía acorralado. No sabía dónde meterme para estar a salvo- David Rodríguez Valero, ¿me equivoco?
- No, no te equivocas. ¿Qué coño quieres de mí? Llévatelo todo y márchate.
- ¿Piensas que soy un ladrón? –Al decir esto me propinó una patada en las costillas que me cortó la respiración- No, no quiero tu sucio dinero.
- ¿Y qué coño quieres? –me costaba hablar después de aquella patada, pero utilicé el poco aire que quedaba para tratar de dialogar.
- No se qué coño ha visto en ti, das pena –y volvió a golpearme- Aunque mi vendetta será dulce, dolorosa y muy lenta…

Lo ultimo que recuerdo fue la planta del zapato de aquel hombre lanzándose en picado contra mi cara.




FIN DE LA PRIMERA PARTE

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