
Ahí está, recogiendo un poco la casa. Ordena los cajones, quita el polvo de las encimeras y saca de todos los armarios las cosas que ya no valen. Siempre que me mira, sonríe y continúa con su trabajo. ¿Es que ahora mi musa se ha transformado en un ama de casa?
Yo no atino a hacer nada, estoy sentado en el sillón con una botella de Heineken observando cómo ella limpia cada rincón de mi casa y no me atrevo a levantarme y decir "Déjalo, ya lo hago yo" o cualquier otra frase hecha para ahorrar a la jóven Elena un poco de trabajo.
Tras recoger la cocina, se tumbó en el sillon apoyándose sobre mí y con otra botella de Heineken abierta. Estaba exhausta, e incluso un poco sudorosa, aunque ese motivo no me retraía. Apoyé la mano sobre su vientre mientras la abrazaba y bebí de mi botella con el brazo que me quedaba libre. Ella hacía algo similar: Tenía su mano apoyada sobre la mía, y con la otra pegaba un largo trago a su cerveza.
- No te tenías que haber molestado, Elena -dije al fin- No tenía que haberte dejado hacer esto...
- ¿Qué más da? Esta casa necesitaba un buen repaso -repuso ella, riendo- Además, ¿lo hubieses hecho tú?
- Pues... Tenía pensado hacerlo un día de estos...
- Desde el garito mediante la telepatía, ¿verdad?
- No, yo... Bueno, vale. No tenía pensado recoger mi casa hasta este punto, la verdad.
- La regla se cumple -dijo ella entre risas.
- ¿Una de tus reglas?
- No, una regla general. No podeis vivir sin nosotras, porque al final terminaríais viviendo con una capa de mierda de 50 centímetros en el suelo y pasaríais olímpicamente de ello.
- Tampoco te pases...
- Todos os imagináis la típica ama de casa sexy con su cofia y su mini falda. ¿No te das cuenta de que no existen? Y si existen, tu sueldo no te permitiría tenerla aquí.
- Nunca tuve esa fantasía...
- Pues eres el primer hombre que conozco que no la tiene.
Tras esta charla, pegó el último trago a su botella y se fue a dar una ducha.
Escuchaba el agua caer sobre su esbelto cuerpo desde el sillón. Sólo sonaba eso en el silencio casi sepulcral de la casa. Bueno, había una frase que resonaba en mi cabeza una y otra vez...
Quizá ella esté aprovechándose de usted, pero... ¿Hay alguna norma que le prohiba a usted aprovecharse de ella...?
- Tranquilo, ya termino -dijo Elena al escuchar abrirse la puerta del baño.
- No, no te preocupes por eso.
- ¿Buscas algo en especial?
Un hormigueo recorrió mi columna vertebral, llegó a mi cerebro y de ahí se expandió a cada una de mis extremidades, que comenzaron a moverse más por instinto que por raciocinio.
- Si que busco algo -dije, corriendo la mampara a un lado mientras ella miraba atónita que la ropa que llevaba puesta ya no estaba sobre mi cuerpo, sino en el suelo- y es a tí.


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