
Es tarde, pero yo no tengo sueño. Elena duerme a mi lado, ella sí estaba cansada, y ahora está abrazándose a la almohada como si fuese un peluche. He de admitir que yo también lo hago, pero menos a menudo.
Da gusto dormir acompañado. Es distinto abrazar una almohada que a una persona, porque las almohadas no te devuelven los besos.
Aunque ahora no es el momento de observar a Elena. Es el momento de aderezar mis pensamientos y sentimientos. Y sé que sólo seré capaz de hacerlo en un sitio en concreto...
- Jack Daniel's, ¿no? -me dijo el camarero, sonriente- me resultó raro no haberle visto antes, señor.
- Han pasado muchas cosas, pero soy fiel a este asiento -decía, mientras volvía a sentarme en la mesa de siempre. La mesa de enfrente se me hacía demasiado rara si no estaba Elena en ella.
- ¿Dónde se encuentra su acompañante, señor? -preguntó el camarero cuando me trajo la bebida.
- Está durmiendo.
- ¿En su casa?
- No, en la mía.
- A esa casa me refería, señor -dijo el camarero entre risas- no estaba tuteándole.
- Puedes hacerlo, no merezco tantos honores.
- Señor, toda persona que viene a mi local merece todos mis respetos, y más usted, que es un cliente habitual.
- Sólo soy un borracho más.
- Del cual ella se está aprovechando... -dijo para sí el camarero.
- ¿Disculpa?
- ¿Ha vaciado ya su mini-bar, señor?
- Pues...
- ¿Ya ha dormido con usted, señor?
- ¿Cómo sabes tantas cosas?
- Es su estilo, ella lo llama sus "reglas".
- ¿Conoces sus reglas? -pregunté con mucha curiosidad.
- No las conoce ni ella. Por así decirlo, elige a sus "víctimas" y vive con ellos durante un tiempo para ver si es el tío adecuado o no.
- ¿Qué sabes sobre ella?
- No mucho -dijo él, sentándose al lado mía en los amplios sillones que rodeaban la mesa donde me encontraba- tiene trabajo, y es muy fiel a él. Pero cuando elige a sus nuevas opciones pide permisos de una duración total al tiempo con el que se puede encontrar con su "víctima". Ahora ha pedido uno de una semana, según he podido escuchar...
- La semana que va a pasar conmigo... Sólo a mí me podían pasar estas cosas...
- Si me permite darle un consejo -repuso el camarero, levantándose de nuevo para seguir con su trabajo- disfrute del momento, haga caso al tópico del Carpe Diem. Quizá ella esté aprovechándose de usted, pero... ¿Hay alguna norma que le prohiba a usted aprovecharse de ella? Piense en ello.
Y ahí me quedé, pasmado, con mi copa de Jack Daniel's en la mano y pensando que la musa que había encontrado no era tan musa como me esperaba...
Volví a casa una hora después. Sólo fui capaz de tomarme una copa. Cuando llegué, Elena seguía durmiendo. Me fijé en esa inocencia que la caracterizaba, con esa belleza oculta que me atrapaba... ¿Sería ella capaz de hacer todo lo que el camarero dijo? El tiempo lo diría. Exactamente, seis días.


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