jueves, 19 de noviembre de 2009

03. Tiéntame, acaríciame...


Era domingo, y no tenía que ir a trabajar, aunque parece que ella no tiene ninguna otra ocupación. Nos tiramos unas cuantas horas charlando sobre temas sin sentido, y después de pedir algo para comer ella se quedó dormida en el sillón de nuevo. Pero esta vez la llevé hasta la cama en brazos. Teniendo en cuenta que es bastante pequeña de estatura y peso no me fue costoso.
Después de taparla, me fijé en la mesilla de noche. El cajón estaba abierto, y en él reposaba una carta. Aquella carta que iba a entregar a Gina aquel día en concreto. Me senté en el borde de la cama y abrí el sobre para volver a leer el contenido, que decía así:

Hola, mi amor.

Ya perdí la cuenta de los días que llevo contigo, porque cada uno es más maravilloso aún que el anterior. Todos esos instantes quedan grabados en mi memoria, y es algo que me intriga, porque nadie aún ha podido hacerme sentir tan feliz como lo has hecho tú.
¿Recuerdas aquella tarde en el parque? Qué placer era para mí caminar a tu lado, notando la suavidad de tus manos en las heridas de las mías, saboreando tu dulce paladar y tus sabrosos labios... Parecía que aquel momento no tendría final. Y, cuando ya se acercaba el momento de separarnos, tu fantástica idea me sacó una sonrisa... La noche eterna de la pasión desatada.
No quiero enrrollarme con la palabrería, sabes muy bien que cuando pienso en tí las palabras salen solas... Esta carta tiene un propósito en especial, y es el contenido de este sobre.

Busqué en el sobre aquel colgante de oro con la fecha del inicio de nuestra relación grabada en un pequeño corazón, el cual tenía diamantes incrustados.

Este colgante es sólo un pequeño detalle que deseo que conserves como prueba física del amor que siento por tí, aunque ningún bien material posible podría compararse con todo lo que siento por tí.
¿Por qué te lo entrego en una carta? Es sencillo. Soy demasiado tímido para dártelo sin más, y quiero que conserves algo escrito sobre mí.
Voy a incluir un pequeño poema, así la carta tendrá algo de sentido...

Tiéntame, acaríciame
lléname cada instante de ti,
haz que cada noche sea un sueño
y cada despertar una sonrisa,
lléname de ti
y llévame a tu amor.

Tras leer el poema, eché a llorar. Eran unos versos muy especiales, y no podía hacer otra cosa cuando algo evocaba el recuerdo de esa persona tan especial que ahora no estaba a mi lado.
Dejé la carta y el colgante sobre la mesilla de noche y seguí llorando mientras, desgraciadamente, mi memoria me devolvía aquellos momentos con la persona a la que amaba.

- Bonitos versos, pero creo que va siendo hora de dejar de derramar lágrimas por alguien que ya no está a tu lado -su voz, dulce y tenue, me sacó del sopor en el que me encontraba. Ya había oscurecido, aunque eran las seis de la tarde.
- No puedo evitarlo...
- Te entiendo, no tienes por qué darme explicaciones.

Con delicadeza, mi musa se sentó a mi lado y guardó la carta en el sobre. Tras ello, tomó el colgante en sus manos. Miró la inscripción del corazón y después me miró a mí.

- ¿Tienes pensado hacer algo con este colgante? -me dijo, con una sonrisa en sus labios que despertaba en mí un sentimiento de alegría, aunque no la suficiente para calmarme.
- No, puedes quedártelo. Aunque esa fecha para tí no tiene ningún significado...
- No te preocupes por eso, yo me encargo.

Después de guardar el colgante en el bolsillo de su pantalón me abrazó. No sabía qué decir, ni qué hacer. Simplemente apoyé la cabeza en su regazo y continué llorando.

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