
¿Estoy haciendo bien? ¿O me estoy equivocando? Desgraciadamente, la respuesta a estas preguntas no está en el techo de mi habitación, que es donde dirijo mi mirada ahora mismo. Su brazo rodea mi pecho, y su rostro satisfecho descansa sobre mi regazo. Y la pregunta que más me estremece ahora es... ¿Quién es ella?
Sé que se llama Elena, que viene todas las noches al local para estar conmigo y ayudarme a escribir. Sé que es preciosa y que me aturde cada vez que me besa. Pero, ¿por qué me besa? ¡Si ni siquiera me conoce!
Además, tengo un sentimiento muy raro en mi interior. Me siento culpable. Culpable de estar con la mujer más maravillosa del mundo y pensar en qué puede decir Gina sobre esto. ¿Es que Gina tiene algo que ver? Ya no existe, y sin embargo, sigo estando atado a ella, como un perrito faldero.
Es como si mi corazón hubiese dejado de latir. Un sentimiento anula al otro. La tristeza de la pérdida se anula con la felicidad de la presencia. La pasión acaba con mi pereza, y un amor anula al otro.
Soy un robot. Sigo órdenes sencillas y razono problemas más complejos, pero no puedo sentir.
- Tengo un poco de hambre -dijo Elena, que se levantó de la cama y se dirigió a la cocina en la penumbra. La oscuridad cubría la habitación, aunque la luz de la luna se reflejaba en su cuidado y brillante cuerpo, debido al sudor.
Seguí a mi musa hasta el salón, donde ella ya se había instalado con algo para picar y una sábana cubriendo su cuerpo. Se encontraba tumbada en el sillón y me miraba con cara de satisfacción. Yo me había puesto el pantalon del pijama mientras la seguía.
- ¿Por qué ha ocurrido todo esto? -dije, mientras me sentaba a su lado en el sillón- ¿Cómo hemos podido terminar así?
- ¿Es que no te ha gustado? -dijo ella con una mezcla de risa y preocupación.
- No, no es por eso. Me refiero a que no termino de creerme que hayamos acabado en mi cama sin más, sin siquiera conocernos...
- Así es como se hace ahora, ¿no? -sonreía, pero eso me desconcertaba- La gente ya no le toma nada de importancia a los sentimientos, y era lo que necesitabas tú.
- ¿Entonces esto lo has hecho simplemente por mí?
- No, no es sólo por tí. Yo también necesitaba una terapia de choque. ¿Crees que eres al único que le ocurren desgracias y le cuesta salir de amores malos?
- No se sale de un mal amor borracho y follando con un desconocido a altas horas de la noche...
- Eso es que no te ha gustado...
- Joder, Elena, no me refiero a eso. Me refiero a que, si tan dolidos estamos por el amor... ¿Por qué terminamos en esta situación? Si nos enfrentamos a estas situaciones, lo hacemos siempre con esa persona en la cabeza...
- Mira -dijo ella, acercándose más a mí y abrazándome- Siempre estás haciéndote preguntas sin sentido. Respóndeme a ésta: ¿qué hacias antes de conocer a la tía esa?
- Pues... salía por otros sitios.
- ¿Y qué buscabas en esos sitios?
- Alguien especial...
- Un tio muy chapado a la antigua. Tienes que vivir en el presente, y en el presente los sentimientos no valen para nada. Vale más tener dinero y una buena polla que ser un amante de fábula que estará sirviendo a su amada de por vida. Las niñas ya no creen en los cuentos de hadas...
- Y eso es lo que estás haciendo tú, ¿no? Aprovecharte de mí sin más...
- He de admitir que tienes las dos características básicas para subsistir en la sociedad actual -Me sentí halagado sabiendo lo que ella pensaba acerca de mi zona más íntima- pero yo no sigo esas reglas.
- Y dime, ¿cuáles son tus reglas?
- ¿No le pediste una semana libre a tu jefe? -me dijo ella, mirándome con unos ojos que podrían desorientar al más sabio de los pensadores- las irás descubriendo a lo largo de los siete días que pase aquí contigo...


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